La enseñanza en Ubrique a comienzos del siglo XX

Maestros de Ubrique a principios del siglo XX.

 

Por Antonio Morales Benítez

A comienzos del siglo pasado la sociedad española vivía bajo
los efectos de la crisis colonial de 1898. La idea de España como problema se
situó en el centro del debate nacional.. Se buscaban en nuestra historia las
causas que explicaran el retraso español con respecto a las potencias coloniales
europeas. Los escritores denunciaban la miseria material de la mayoría de la
población y la crisis moral en que se hallaba sumida la vida pública española.
Y vieron en el desastre militar la ocasión para intentar cambiar esta situación..
España era entonces un país hambriento y analfabeto. Algunos regeneracionistas,
como Joaquín Costa, defendían que los males de España se arreglaban con "escuela
y despensa".
Por ello hace ahora cien años muchos volvieron la vista
hacia la escuela como la base sobre la que debía partir la regeneración de la
patria. Los liberales decimonónicos se habían preocupado de crear un sistema
público de enseñanza , y la ciudad de Cádiz puede ser un ejemplo, pero la capital
gaditana sólo era una isla dentro de un contexto generalizado de analfabetismo.
Pero
a comienzos del siglo XX la escuela tomó protagonismo y se abrió un nuevo debate
sobre la necesidad de hacer extensiva la educación a todos los ciudadanos .
Eran tiempos de grandes proyectos y de cambios. El catalán Ferrer y Guardia
creó en 1901 la Escuela Moderna, un modelo pedagógico que introducía el laicismo
y la coeducación de sexos, y que se basaba en la evolución del niño individualizado
y en el desarrollo espontáneo de sus facultades a fin de satisfacer sus necesidades
físicas, intelectuales y morales. Los planes escolares y los libros de esta
Escuela tuvieron un éxito fulgurante en las sociedades obreras y populares,
y el modelo empezó a extenderse por toda España. Y, aunque la reacción del poder
político y de la Iglesia acabó con la experiencia en 1906 , y el propio Ferrer
sería fusilado tres años después acusado de haber instigado la Semana Trágica
de Barcelona, algunas ideas de la Escuela Moderna seguirían vivas e impregnarían
la labor de algunos docentes de la enseñanza pública, como se puede observar
en Ubrique.
En cualquier caso, el Gobierno tomaría conciencia de la necesidad
de reformar el sistema educativo y de dedicarle más medios .Por ello desde comienzos
de siglo se promulgaría una profusa legislación encaminada a reorganizar diferentes
aspectos del sistema público de enseñanza.. En febrero de 1908 un Real Decreto
creaba las Juntas Locales de Primera Enseñanza, que debían sustituir a las antiguas
Juntas , denominadas de Instrucción Pública. Este decreto en su artículo 22
establecía que los enseñantes debían elaborar una Memoria final de curso que,
como balance del año académico, debía recoger una valoración de los trabajos
realizados , los resultados académicos y las dificultades encontradas . Estas
Memorias, que debían ser presentadas por los propios docentes ante los miembros
de las Juntas Locales , son hoy una fuente directa de gran importancia para
conocer la realidad de la escuela pública española de comienzos de siglo. Pero,
también, para conocer el horizonte intelectual , las inquietudes e incluso la
ideología de los docentes. Además, nos permite contrastar la diversidad de enfoques
de la labor de los educadores. La Junta Local de Primera Enseñanza se constituyó
en Ubrique el 1 de abril de 1908. Esta Junta estaba presidida por el alcalde
Miguel Bohórquez Oliva, y como vocales actuaban los concejales Rafael Gómez
Luna y José Vallejo Padilla; el médico e inspector de sanidad municipal , Francisco
Reguera Romero; los padres y madres de familia, Juan Rodríguez Soto, Miguel
García Bohórquez , Rosario Parra Rodríguez y Francisca Marín García ; el cura
párroco José Cabello Medina ; el farmacéutico Rafael Sánchez- Medina y Ayala
; y el secretario municipal Miguel Reguera Bohórquez. Posteriormente, los dos
concejales serían sustituidos , tras la constitución de un nuevo gobierno municipal
el 1de julio de 1909, por los ediles José Ayala Bohórquez y Luis Gómez Luna.
Ubrique tenía entonces dos escuelas de niños y otras dos de niñas , al frente
de las cuales estaban los maestros Francisco Fatou Lucas, Cándido Lara Gaona
, Ángeles Bohórquez Gómez y Sebastiana Bohórquez Gómez. Las impresiones de estos
docentes sobre el curso escolar, recogidas en sus respectivas Memorias, fueron
expuestas ante los miembros de la Junta Local durante los días 16, 17 y 18 de
julio de 1909. Al mismo tiempo, una comisión examinadora constituida en el seno
de la propia Junta, y formada por su presidente y tres vocales, tras girar visita
a cada una de las aulas para valorar los progresos académicos de los alumnos
y el trabajo desarrollado por los docentes, debía elevar a la Junta sus juicios
e impresiones Fatou Lucas, en su Memoria, defendía las ventajas del método de
aprendizaje activo frente al puramente memorístico. Y, en la línea de la moderna
pedagogía, sostenía que debían ser los propios alumnos quienes ejercitasen por
sí mismos todas sus potencialidades ; por lo que, para este docente, el papel
del maestro debía ser únicamente el de "provocador de las facultades y
jardinero de las actitudes". Por ello defendía el ejercicio de actividades
como "problemas de aritmética y geometría, ejercicios de cálculo mental,
trabajos de composición ,lectura explicada , deducciones morales de relatos
históricos y otras disciplinas " que obligasen a los alumnos a "poner
en actividad la mente y los sentimientos ". Este método activo debía relegar
al memorístico, caracterizado, según Fatou, por el "recitado monótono y
la incolora contestación preparada".
En cuanto a los resultados destacaba
que, de los 150 alumnos inicialmente matriculados, ya leerían 75 y escribirían
40. Y entre las dificultades encontradas para el ejercicio de su labor docente
destacaba, cómo no, el excesivo número de alumnos que debía atender, ya que
el término medio de los que asistían a clase no solía bajar de los 125. Aunque
- aclaraba- éste y otros problemas no serían exclusivos de Ubrique sino que
alcanzaban a toda España y dificultaban "el progreso de la nación entera"
. En este sentido, destacaba las carencias de todo tipo que tenían las familias
ubriqueñas y su "excesiva proletarización". Ello explicaba que los
padres se viesen en "la triste necesidad de retirar a los hijos de la escuela
antes de que hayan completado su instrucción", por lo que sus propuestas
de mejora irían encaminadas a solicitar una intervención más decidida de los
poderes del Estado para evitar que España continuase figurando en las estadísticas
con una "cifra aterradora de analfabetos que tenemos hoy (y que se encuentre)
entre las potencias más atrasadas de Europa". Y, en la línea del pensamiento
regeneracionista de principios de siglo, terminaba su Memoria afirmando que
los gobiernos que velan por la educación del pueblo preparan el porvenir de
la nación.
En sintonía con lo defendido por Fatou ante la Junta Local, Cándido
Lara se mostraba partidario de una enseñanza integral capaz de posibilitar que
"el raciocinio se anteponga a la memoria" , dando preferencia a las
"materias más útiles en los usos comunes de la vida". Aunque reconocía
que estos dictados de la moderna pedagogía debían ser armonizados con las condiciones
concretas del medio en el que se trabaja y con los recursos que se disponen.
Y presumiendo la corta vida escolar de la mayoría de sus alumnos, se proponía
que al menos adquiriesen los conocimientos más precisos a fin de que cuando
fuesen mayores "no sucumban en las luchas por la existencia", para
este docente cada día mayores. Por ello, sin descuidar la instrucción, a lo
largo del curso se había propuesto "atender preferentemente a la educación"
para formar a hombres "amantes de Dios, de la patria y de la familia pudiendo
llegar a ser ilustrados y respetables, modelos de bondad y honradez, buenos
para sí y útiles para sus semejantes".
La cifra de alumnos atendidos
por este docente a lo largo del curso se elevaría a 139, con una asistencia
media de 93, de los cuales 40 habrían aprendido a leer y escribir . Pero especialmente
satisfecho se mostraba en cuanto a la disciplina y corrección con que sus alumnos
se comportaban en clase, y defendía las virtudes del premio frente al castigo,
porque "estimula a los niños al estudio" y los habitúa a "conservar
el orden, requisito indispensable para el buen funcionamiento de la Escuela".