El yacimiento romano de Ocuri

Luis Javier Guerrero
La ciudad romana de Ocuri se sitúa en la cima del llamado Salto de la Mora (Ubrique), cerro desde el que domina y controla el paso natural hacia Benaocaz
y la Manga de Villaluenga por un lado y la salida hacia el sur de la sierra por otro. Su estratégica posición, afianzada por su murallas, su extensión y su disposición en recintos aterrazados nos indican que debió de ser un municipio pre-romano y romano de gran relevancia, hecho que queda igualmente demostrado por la monumentalidad de los restos arqueológicos que aún hoy día conserva.
El descubrimiento de este yacimiento se realizó a finales del siglo XVIII gracias al celo de un rico agricultor de la comarca llamado Juan Vegazo, que compró el terreno con objeto de hallar una ciudad romana comparable a Pompeya, que por aquellas fechas estaba siendo excavada intensamente. Vegazo dejó constancia escrita de sus numerosos descubrimientos, si bien la mayoría de los objetos (incluyendo estatuas) se han perdido en la actualidad.

Visitada y explorada desde entonces, la ciudad no fue de nuevo excavada, con método arqueológico, hasta principios de los años setenta. En estas fechas se limpió, restauró y acondicionó una de las estructuras más significativas de la ciudad, la popularmente conocida como la "Mezquita". Este monumento funerario pertenece a un tipo de mausoleo/columbario, que alberga en su interior una serie de nichos u hornacinas (loculi) donde se depositaban las urnas con las cenizas de los difuntos, mientras que en hornacinas mayores se depositarían las ofrendas de los familiares y posiblemente pequeñas estatuas o imágenes.
Sin lugar a dudas es uno de los monumentos más significativos de la sierra romana, pues existen muy pocos paralelos tipológicos en toda la Bética (los principales en la necrópolis romana de Carmona, Sevilla). Se encuentra situado extramuros de la ciudad según dictaban las leyes sanitarias romanas y debió pertenecer a una poderosa familia ocuritana o bien a un collegium funeraticium (sociedad funeraria destinada a dispensar los servicios funerarios a sus afiliados). Se fecha entre el siglo I a.C. y el I d.C. aproximadamente.

En Ocuri es destacable su muralla ciclópea, de posible origen púnico, restaurada tanto en época ibérica como romana. Se observan aún lienzos de esta muralla, hecha a piedra seca y con cimientos moldurados. La entrada por la que hoy día se accede debió de ser la entrada trasera (entrada Norte) puesto que la calzada romana que une Ubrique con Benaocaz, popularmente llamada "La Trocha", se encuentra en su lado opuesto y es donde se supone que debió de estar la entrada principal a la ciudad. Esta entrada conserva unos pequeños contrafuertes de sillares que debieron de ser los cimientos de una entrada protegida en una zona más accesible y que daba paso a las áreas de las necrópolis.
Además, se pueden ver restos correspondientes a su necrópolis, viviendas, construcciones públicas, cisternas de acumulación del agua de lluvia (impluvia), conducciones de agua, unas posibles termas (baños), calzadas, etc... dispuestas en varios recintos aterrazados y sucesivos. Destacan, en la parte media y superior del cerro, varias cisternas con tratamientos internos a base de argamasa hidráulica ("opus signinum") de gran capacidad de embalse, así como un recinto amplio, rodeado de restos constructivos y en donde se hallaron varias inscripciones conmemorativas, dedicadas a los emperadores romanos Antonino Pío (142 d.C.) y Comodo (186 d.C.) por los senadores locales de Ocuri (literalmente por decreto de los decuriones de la república de los ocuritanos), que podría identificarse como el foro de la ciudad.

De esta misma zona procede una inscripción de una sacerdotisa del culto imperial, llamada Postumia Honorata, erigida en honor de sus merecimientos como tal y que hoy día se expone en la plaza Misión Rescate de Ubrique. Sin embargo, es en la zona más alta, conformada por el último de los recintos, donde se mantienen los restos más importantes, que corresponden a una gran construcción, posiblemente de carácter público, que podrían ser unas termas. Conserva canalizaciones, cisternas o piletas, restos de una piscina y un amplio espacio pavimentado en la zona central de lo que pudo ser un edificio de gran envergadura. No obstante, se encuentra actualmente en fase de estudio y de reinterpretación, pues su funcionalidad no está del todo clara y su sobreexcavación en los años setenta nos ofrece una
imagen distorsionada, pues pudieran ser partes de más de un edificio o incluso ser un solo edificio con distintas fases de utilización y reformas.

Canal. (Foto: JUANDE)

Por último, hay que destacar que a espaldas de la actual entrada a la ciudad, en el valle de Santa Lucía y pago del Rano, se encuentra la calzada romana que unía Benaocaz y la Manga de Villaluenga, auténtico paso natural desde la época prehistórica, con la zona alta de Ubrique. Este tramo de calzada, de más de siete kilómetros, fue restaurado en la Edad Media y hasta principios del siglo XX fue el camino natural entre los pueblos de la Sierra. Todavía hoy se puede transitar sobre sus antiguas losas.
La ciudad romana de Ocuri ha sido investigada y consolidada por la Escuela Taller "Foro Arqueológico" y el Programa "Arqueosierra", financiado por AEPSA para su puesta en valor dentro de la Ruta de las Ciudades Romanas de la Sierra de Cádiz, una de las sub-rutas monotemáticas de la "Ruta Arqueológica de los Pueblos Blancos". Su centro de recepción y sus infraestructuras básicas fueron inauguradas el 14 de julio de 2000.

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