Pitt-Rivers, el antropólogo de Oxford que investigó sobre el hombre de la Sierra

Julian Pitt-RiversFernando Sígler
El antropólogo británico Julian Pitt-Rivers, autor de un estudio pionero sobre el hombre de la Sierra de Cádiz, falleció en Francia el 12 de agosto de 2001 a los 82 años de edad. Este prestigioso investigador de la Universidad de Oxford hizo su tesis doctoral a partitr de un trabajo de campo efectuado en Grazalema. Se trataba de un estudio pionero de Antropología Social, al trasladar el campo tradicional objeto de atención entonces en las facultades británicas (los pueblos africanos primitivos) a una comunidad rural del sur de Andalucía. Producto de esta investigación fue su libro, publicado por primera vez en inglés en 1954, traducido al castellano en 1971 con el título de Los hombres de la Sierra y reeditado en 1989 como Un pueblo de la sierra: Grazalema.

Pitt-Rivers había permanecido en Grazalema entre 1949 y 1952, y aunque no pudo evitar ser considerado un espía por los lugareños -"¿que otra cosa podría ser un extranjeros, un inglés, en un pueblo perdido de la Sierra en aquella época?", comentaba irónico-, su pretensión fue vivir como un miembro más de la comunidad.

Llegó a Sevilla en el invierno de 1948-49, y fue su interés por el estudio del anarquismo lo que le hizo situarse en la serranía de Ronda. El verano siguiente se trasladó a la Ribera de Gaidóvar de Grazalema, donde -explicaba Pitt-Rivers- "las largas veladas de invierno pasadas con unos cuantos hombres viejos me proporcionaron la mayor comprensión del movimiento anarquista". En Grazalema fue acogido por una familia de origen ubriqueño, la de María Baena.

Pitt-Rivers con familiares de María Baena en UbriqueCasi cuarenta años después de hacer su trabajo de campo, volvió a Andalucía. En el año 1989 presentó la nueva edición de su libro sobre Grazalema en un acto celebrado en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla. Considerado un estudio clásico, Un pueblo de la sierra: Grazalema -en el que hace frecuentes alusiones a los pueblos del entorno- es una interpretación de la cultura tradicional andaluza. Al año siguiente, en 1990, el propio Pitt-Rivers explicó en una conferencia que pronunció en el
instituto Nuestra Señora de los Remedios de Ubrique por qué había elegido la Sierra de Cádiz para hacer su estudio. El prestigioso antropólogo vino a Ubrique invitado por la Asociación Papeles de Historia, y el texto de su conferencia está recogido en el número 3 de la revista que edita dicha entidad.

La tesis que expone Pitt-Rivers en su libro se resume afirmando que existía en Grazalema "una tensión estructural entre las sanciones que proceden de la comunidad local y las que proceden del Gobierno central del país, que corresponde a un conflicto entre los valores de autoridad y los de igualdad". Esta idea se desarrolla en función de su concepto de "pueblo", que posee una "unidad moral", como "comunidad altamente centralizada", en la que "no hay orden de precedencia de un tipo de status sobre otro", y cuyas instituciones "están en oposición a los poderes exteriores al pueblo": burla frente a las sanciones de la ley; contrabando frente al control legal; bandoleros frente a guardia civil; curanderos frente a médicos; sabias en lugar de sacerdotes. La tensión entre comunidad y Estado sólo es mitigada por un grupo dirigente mediante la institución del clientelismo.
Pitt-Rivers en una conferencia pronunciada en Ubrique en 1990 junto con Antonio Morales (Papeles de Historia) y Diego Caro (profesor universitario).De este discurso se deriva una peculiar interpretación del movimiento anarquista, producto, en gran medida, según él, de la disociación en los valores del pueblo, una vez que "el poder que el Estado abandona no es traspasado al pueblo, sino a sus servidores en el pueblo", y facilitado "ya sea por la escasez de guardias civiles", ya por su difusión a través de la red del contrabando. Es precisamente su concepción del anarquismo como "creencia milenarista" la que ha suscitado las críticas de otros investigadores. Para Pitt-Rivers, "lo importante fue tratar el anarquismo como una escisión en la cultura, en los valores del pueblo, pero sobre todo, como un movimiento anticlerical, pero con una base en la cultura popular de la región, y, a mi entender, no se puede entender el anarquismo sino en relación con la religión". A pesar de la disparidad de criterios que ha despertado, Un pueblo de la sierra: Grazalema se ha situado, en cierto modo, por encima del debate historiográfico, y su lectura se ha convertido en un placer -y no sólo para los conocedores de la geografía que refleja-, por las sugerencias que se derivan de su acercamiento a fenómenos estructurales a través de la cotidianidad, el habla, el vestido, las costumbres, el noviazgo, las relaciones de autoridad o el papel de los apodos y de las "sabias".
Las anécdotas ilustrativas de sus observaciones amenizan una, de por sí, ágil escritura, ante la que la identificación del andaluz puede prescindir de la coincidencia en sus postulados. La riqueza de lo que se nos cuenta se ha hecho ya historia, porque medio siglo después "el pueblo de la Sierra ya no es el mismo pueblo".

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